jueves, 14 de julio de 2016

Homo Sapiens - Siglo XXI



Buscamos. Encontramos. Queremos más. Seguimos buscando…
Vivimos a control remoto, eternamente insatisfechos.
Para estar completos necesitamos Amor o WiFi.
Cualquiera de los dos llena el vacío por un rato, pero el segundo entretiene más y no requiere esfuerzo de nuestra parte, por eso hay cada vez más gente sola que tiene “un millón de amigos”.
Ante cada publicación en las redes, esperamos ansiosos la aprobación de gente que casi ni conocemos. Disfrutamos más de los “me gusta” obtenidos que del hecho real que produjo esa publicación.
Dejamos de mirar el paisaje con nuestros ojos. Lo vemos todo “en vivo y en directo” a través de una pantalla.
Hablamos con los dedos. Las bocas quedan relegadas al mecánico acto de comer.
Cuando de pronto pasa que no tenemos en teléfono como escudo ante el amenazante mundo real, nos cuesta entablar una conversación, no logramos sostener la mirada de quien nos habla y tampoco sabemos qué hacer con las manos…

¿Era esto lo que soñábamos en el siglo pasado, cuando nos hablaban de los avances de la tecnología?
¿Imaginamos que terminaríamos sumergidos en un mundo tan solitario y extremadamente lleno de información que ya no somos capaces de procesar?
A esta velocidad… ¿cómo seremos en diez o veinte años?

PD: si te gustó, dale un LIKE… ;)

© Jenny Wasiuk

(delirios provocados por una gripe que se prolonga más de lo aceptable)

viernes, 1 de julio de 2016

Carta a mi hermano Mbya-guaraní


Hermanito querido, hoy fuiste noticia por tus pies descalzos…
Todo el país se conmovió y revolucionó por esa inocente imagen donde, con orgullo, portabas la bandera argentina, bandera que te fuera impuesta por quienes un día llegamos a tus tierras, las tomamos y quisimos obligarte a ver el mundo con nuestros ojos, cambiamos tus dioses, te obligamos a adoptar nuestras costumbres, pretendimos “domesticarte” usando los recursos más viles…
Pasaron los siglos y aún hoy seguimos sin comprender por qué seguís negándote al “progreso”, y nos escandalizamos al ver tu manera simple de honrar a Tupá, de conectarte con la madre tierra, con los animales y las plantas. Conocés -como pocos- los secretos de la selva, la hoja que cura, el veneno que mata, el panal escondido, sabés cultivar la tierra sin maltratarla, caminás por el monte sin perderte, escuchás el rumor de la selva que dicta el nombre de tus hijos, pero tenés que ponerles también un nombre “cristiano” para que puedan pertenecer al mundo que te robamos.
Nos autoproclamamos sabedores de todas las verdades, y cuantas más verdades “descubrimos”, más preguntas tenemos, en cambio vos, hermanito, vivís la vida sin preguntar, sólo existiendo, aprendiendo y honrando el conocimiento de tus antepasados.
Te impusimos un idioma, una bandera, un dios. Te obligamos a usar ropas y calzados, a vivir en casas “decentes”, rompimos la magia de tus montes, saqueamos sus riquezas, huyeron los pocos animales que sobrevivieron a nuestra codicia y hoy tenés que subsistir a orillas de las rutas o en suburbios de ciudades, mendigando y olvidando lentamente tus orígenes…
Y después nos golpeamos el pecho ante tu desdichado destino!
Quién es el salvaje entonces?

Hoy honro tus pies descalzos!
Hoy me cuesta mirarte a los ojos, y sólo puedo decirte: perdón hermanito, a nosotros, los “blanquitos”, también nos gusta andar descalzos!

©Jenny Wasiuk


viernes, 17 de junio de 2016

La sombra


El atardecer pinta de rojos y naranjas un cielo rabiosamente perfecto, anunciando la llegada incontenible de la noche y mis cavilaciones, la oscuridad y mis desvelos, las estrellas y mis penas titilando.
Salgo a la vereda con termo y mate en una mano y un sillón en la otra. Me siento a mirar y a dejarme mirar. Siempre pasa lo mismo. La gente pasa, mira sin ver, aleja la mirada y la vuelve automáticamente otra vez. Será que es tan visible la melancolía?
El eco de ese pensamiento se expande y me invade, los recuerdos se disparan, van y vuelven, giran y levantan las hojas que el otoño sacrificó, me acarician y a la vez abren una que otra cicatriz con su infalible filo.  
Un escalofrío comienza en aquel invierno lluvioso y lejano del primer beso y culmina en otro invierno, un año atrás, en que un día como hoy amanecía por última vez junto a su piel ardiente. De golpe siento frío. Mucho frío.
Sacudo la nostalgia. El mate se heló. Las nubes se agolparon y comienza a caer una fina llovizna. El aroma a tierra mojada, a invierno en puerta, a tibias sábanas precipita más recuerdos.
Vuelvo casi corriendo a la casa, tan vacía como mi alma. Abro la puerta y una sombra se escurre en la penumbra, toma el pasillo y va hacia mi antigua habitación. Voy tras ella sin encender las luces. Al final del pasillo me detengo y miro a la derecha. Ahí está, en el borde de la ventana a punto de escabullirse entre las rejas.
Nos miramos largo rato. Siempre viene a recorrer los rincones donde alguna vez compartimos tanta vida. Comienza a escurrirse, lentamente, como no queriendo irse, pero sabiendo que no hay a qué quedarse. Ya no está la cama donde alguna vez retozara incontrolable, ni están los muebles donde amontonara sus venturas. Ya no hay resquicios oscuros donde ocultarse y seguir rondándome. Y nos separa tanta herida que a estas alturas nada es igual.
Termina de irse. Cierro la ventana, salgo y cierro la puerta también. Me acurruco en la pequeña cama de mi nueva habitación y, por primera vez en mucho tiempo, me quedo dormida de inmediato.
Mañana será otro día. Un nuevo día. El vacío seguirá estando, pero la sombra...

© Jenny Wasiuk – Posadas - 10/06/2016

martes, 14 de junio de 2016

Re-naciéndonos



Desde que la luz roja
de la sala de espera
anunció tu llegada,
seguimos pariéndonos
todos los días…

A veces pujo con fuerza
dejando ir las expectativas
no cumplidas por tus libres alas;
otras, pujás vos
abriéndote paso entre nuestros miedos
para ir en busca de tus sueños.

Pero al final del día,
cuando cae la nostalgia,
flotamos nuevamente
en el amniótico amor incondicional
que, umbílico,
nunca se cortará!

A mi hija, Vanina Gisel Merlos, en su 25 cumpleaños.
Te amo infinitamente amor mío!!!


© Jenny Wasiuk

miércoles, 20 de abril de 2016

Contrasentido I


- ¡Creo que esto no va más! –dijo mientras se desplomaba en la cama... esa cama que antes provocaba sus fantasías y ahora le hacía doler la espalda.
Cerró los ojos y suspiró hondo, como escarbando en las profundidades de su ser hasta encontrar las palabras preparadas especialmente para esa ocasión.
Luego de un largo rato posó su fría mirada en ella y comenzó a hablar, pausada e ininterrumpidamente.
- Pensar que al principio te adoraba... todo era ideal... compartimos tantas cosas, tantos momentos felices, donde el tiempo parecía detenerse y las estrellas titilaban cómplices dentro de la copa del rojo vino, mientras mis anhelos más profundos se veían satisfechos con tu sola presencia. Pero el tiempo comenzó a mostrarme tus carencias. Ya no eras tan maravillosa como te había soñado. No cubrías todas mis necesidades ni mis expectativas, ni tenías la brillantez del principio. Te fuiste ajando día a día y no serviste para cubrirme las espaldas. Ahí fue que comencé a extrañar mi pasado, mi vida anterior a tu existencia, esos otros momentos donde la rutina me llevaba tranquilamente de la mano por los mismos caminos todos los días. Pensaba que aquello era lo que me había agotado, por eso decidí cambiarla por vos, pero veo que no soy capaz de esta metamorfosis, de no saber qué estaremos haciendo dentro de una hora, de vivir en el filo de la cornisa sin detenerme, adrenalizado las veinticuatro horas del día... Creí encontrar la vida que siempre soñé y aposté con los cinco sentidos a vivirla intensamente, pero no, no alcanzaste a colmar mis necesidades. Y no se te ocurra llamarme egoísta, pues no lo soy. Sabés perfectamente todo lo que he pasado en la vida, así que hoy lo único que importa es que aún sigo vivo, y seguiré haciendo lo que yo quiera, cuando quiera y con quien elija. No tenés derecho a reprocharme absolutamente nada. Me jugué, aposté todas las fichas que tenía y no fuiste lo que yo esperaba, por eso he decidido dejarte. Si no pudiste darme lo que yo esperaba, no me importa lo que pienses, sólo sé que no puedo seguir así. Volveré a usar la Mastercard!!
(Y tiró la Visa Gold a la basura)

© Jenny Wasiuk - 5 de septiembre/2005

Contrasentido II


Tenemos que hablar -dije- y debe ser ahora, sin dilaciones.
Hace un buen tiempo nuestra relación viene desgastándose sin posibilidad de solución. 
Es una constante necesitarte y que no estés. Eso sí, yo debo estar y atender tu llamado siempre, y si no lo hago, insistís hasta el hartazgo.
Así pues, a estas alturas la cosa se ha tornado tan desigual que ya no vale la pena hablar de derechos, intentar que la situación mejore o buscar soluciones donde no hay intención ni interés en cambiar.
Me ha costado mucho tomar esta decisión. La postergué desde hace tiempo con la esperanza que mejorarías; que ya -el otro mes nomás- las cosas podrían ser diferentes; que no soy la única que tiene este tipo de problemas o reclama lo mismo de la relación; que las ventajas de estar con vos son muchas; que mudar de aires luego de más de doce años no será fácil; que voy a perder los beneficios por antigüedad, etc etc
Esperé y esperé, reclamé, hice todo lo posible por no bajar los brazos, pero ya no aguanto más, se me terminó la paciencia.
Al principio, la novedad me atrapó. Caí subyugada a tus encantos. 
Prometías mucho y te creí. Los primeros años fueron maravillosos, fuiste mostrándome un mundo que jamás creí conocer. Viví experiencias inolvidables. Viajamos juntos, me brindaste la posibilidad de conectarme con personas que creí jamás volvería a ver o a saber de ellas. Pero luego fue acabándose la magia, la seguridad que te brindaba mi lealtad hizo que ya no cuidaras los detalles, que me descuidaras tanto que llegamos al punto sin retorno. Ya no creo en tus promesas ni espero que cambies. Es momento de cerrar este capítulo y abrir uno nuevo.
No sé si será mejor, pero sí diferente.
Así que, TELECOM PERSONAL, hasta acá llegué.
Bienvenido CLARO a mi vida. 
Espero que tengamos buenos y largos años de convivencia!

© Jenny Wasiuk – 20/abril/2016


jueves, 31 de marzo de 2016

Otoño en mi almanaque


Comienzan a quedar desnudos
estos brazos tibios.
Ya no hay cunas, juguetes,
ni adolescentes estridencias en el nido.
Se van desprendiendo uno a uno
aquellos viejos miedos
que otrora fueran follaje
limitando el desafío.
Atrás quedan dolores
rencores y sueños perdidos;
como las hojas al viento
se van yendo hacia el olvido.

Ya siento la vibrante savia
subir desde mis raíces,
ella nutrirá mis alas
y eclipsará las cicatrices…

©Jenny Wasiuk 

domingo, 27 de marzo de 2016

Quimera


Sé que ya no estarás
al final del camino...
Aún así corro
por si tal vez
al llegar
encuentre al menos tu perfume
y me refugie en él
como cuando estabas
en los crepúsculos diarios
y al amanecer
de cada sueño.

©Jenny Wasiuk

martes, 24 de noviembre de 2015

Pies


Se van de ti
mis pies
paso tras paso
escalando las paredes
del olvido.

Atrás quedan las lunas,
los eclipses,
las palabras verticales
y el abismo,
la niebla del Teyú,
el alma inquieta,
el verso pasional
el espejismo…

Y así quedamos
rozando el invierno
-o el infierno-
crepúsculo que cae
y no termina
Soledad que enlaza
a la distancia
y nos hace compañía…


© Jenny Wasiuk

jueves, 17 de mayo de 2012

Cerrando círculos




"La música es un buen preludio.
El vino, un buen compañero.
La soledad, el aceite perfecto sobre los engranajes de la ausencia".

Sirvo dos copas y me acomodo en el medio de esta solemne ausencia que llena la casa.
Comienzo bebiendo despacio.
Desde tu copa me veo esperándote ilusionada.
Desde mi copa te veo esquivando la realidad.
Y comienza la danza de los recuerdos. Se van descolgando de cada rincón de la casa para acomodarse alrededor de las copas.
Todos tienen algo que decir. Todos están marcados con alguna lágrima, descorrida y trasnochada.
Los voy bebiendo uno a uno, luego de reconocerlos y escucharlos. Lentamente se van perdiendo en el laberinto oscuro y tibio de mi alma.
Ha llegado el último.
Parece una nube negra o una gran mancha de humedad.
Se despega del borde de la cama y viene a mi encuentro.
Nos miramos. Nos reencontramos por última vez y luego lo bebo de un solo trago.
Es amargo, y va arañando mi interior hasta hacerme gemir. Parece una enorme bola de fuego y espadas que gira y gira hasta perderse en las profundidades e ir haciéndose pequeño hasta desaparecer por completo.
Las copas están vacías.
Vuelvo a llenarlas y brindo por el final.
Brindo nuevamente por el después del final, donde las sombras invadieron el mundo entero, donde ya nada fue igual.
Dejo correr el rojo contenido de tu copa, lento y seguro hasta que se vacía.
Mi copa aún está llena.
La música, cómplice, se vuelve más y más alegre.
La botella vacía proclama el triunfante final.
Y el ritual culmina con la última gota.
Ya no estás.
Sigo estando.
Y la casa, vacía de vos, ha vuelto a brillar, a un año de tu ausencia.
Y las puertas y ventanas dejan entrar la suave brisa de la esperanza.

Silencio. Copas vacías. Y yo, ya no estoy vencida.

© Jenny Wasiuk

jueves, 22 de marzo de 2012

Invocación



Bendita sea usted, Señora.
Su voluntad sea hecha
tanto en mis días
como en mis noches.
Dueña es de mi existencia.
... Señorea mi alma
y mis pensamientos
castigándome a veces
con largos silencios.
Pero siempre vuelve
porque también
me echa de menos...

Bendita sea usted
en su día
Señora Poesía!

© Jenny Wasiuk
21/3/12

martes, 28 de febrero de 2012

Cambio


Tendré que cambiar los muebles de lugar
para chocar con ellos
en noches de insomnio
así en esta casa duele algo más
que el vacío
de la ausencia...

© Jenny Wasiuk

martes, 29 de noviembre de 2011

Ruptura

Estuvimos juntas desde la infancia, no recuerdo bien el momento exacto en que llegó a mi vida, pero desde entonces fuimos inseparables.
Tuvo asistencia perfecta en cada acontecimiento: fiestas de fin de año, cumpleaños, nacimientos, despedidas… Su presencia era casi imperceptible. Pero sabía que estaba y con eso me bastaba.
Comimos y bebimos juntas, dormimos y nos levantamos juntas, fuimos de vacaciones, lloramos el primer día de clases de mi hijo y nos emocionamos cuando mi hija prometió la bandera.
En cada momento importante estuvo presente, y en la malas me ayudó a masticar la furia hasta hacerla desaparecer.
Lamentablemente los años fueron agriando su carácter. Comenzó de pronto a tener una que otra crisis, tan leves que apenas se podían apreciar. Y luego más y más seguidas hasta convertirse en grandes ataques de histeria. Estaba como poseída por varios demonios. No me dejaba dormir, no podía probar bocado, su presencia se había tornado traumática y había que hacer algo urgente, por el bien de ambas.
Luego de varias noches de insomnio, con los nervios destrozados y totalmente fuera de mí, tomé la decisión que venía postergando desde hacía mucho tiempo. Debíamos separarnos para siempre, aunque esto significara liquidarla sin remedio. Jamás pensé que llegaría a este extremo, pero mi tolerancia y mi paciencia tienen límites, y ella los sobrepasó demasiadas veces y demasiado lejos.
Sin culpas –me dije- ella se lo buscó. Es la única responsable de su final.

Ahora la miro, ensangrentada y silenciosa, tirada sobre un blanco paño. Siento una breve nostalgia. Las comidas sin ella no serán lo mismo de hoy en más, pero valió la pena! Maldita muela, que en paz descanses!

© Jenny Wasiuk

jueves, 2 de junio de 2011

Hechizo




No debería confesarlo, pero…
esa luna maldita
el vino borgoñeando los sentidos
el monte acunando las ansias
y tu piel detrás de la copa
me volvieron adicta
sin remedio…

© Jenny Wasiuk

lunes, 18 de abril de 2011

El Cronopio


Leía Rayuela, sentado en la mesa de enfrente.
Fumaba tabaco negro. Escupía humo gris. Bebía cerveza rubia.
Yo hojeaba Bestiario, fumando cigarrillos rubios, bebiendo cerveza negra.
De pronto lo descubrí. Soplé humo gris hacia su mesa y seguí leyendo, como distraída.
Cerró el libro. Lo puso bajo el brazo. La botella en una mano y el vaso en otra izaron al cuerpo moreno. Se acercaron a mi mesa y sonrieron.
Nuestros humos se mezclaron.
Las palabras salieron de las bocas, copularon con la cerveza y se multiplicaron velozmente.
Luego vino la risa, como espuma.
Creció y comenzó a caerse de la mesa.
Cuando inundó el bar nos echaron.
Llenamos de espuma las calles. Resbalamos cuesta abajo, hasta el borde mismo del río. Justo frente a su casa. Encontramos más hijos de palabras flotando sobre la espuma.
Los tragamos y volvieron a reproducirse.
Entramos a su casa.
El calor nos quitó la ropa. El sudor coqueteaba con la espuma y las palabras.
Las palabras olvidaron su timidez. Se incrustaron de lleno en la boca opuesta. Circularon por el cuerpo. Bailaron en el estómago una danza primitiva y provocadora.
Bajaron hasta la entrepierna y se convirtieron en volcán.
Temblaron y rugieron cada vez más fuerte, intentando escapar.
Hicieron erupción y patinaron en sudor. Varias veces. Toda la noche.
Al amanecer sólo cenizas, colillas mal apagadas, vasos vacíos y lava por toda la casa.
Me despedí del Cronopio y emprendí la retirada, cuesta arriba.
Todavía había espuma por las calles.
Todavía quedaban palabras sin reproducirse.

Por eso vuelvo cada tanto a ese bar.
Y siempre está ahí. Con Rayuela, tabaco negro y cerveza rubia, esperando la señal.

© Jenny Wasiuk

viernes, 25 de febrero de 2011

Yapeyú



Yapeyú, doscientos treinta y tres años después…


Piso despacio esta tierra quebrada y caliente, como profanando tus pequeñas huellas.
Un cielo empañado -como mis ojos- me acompaña, y juntos humedecemos la arena, como reivindicándote.
La lluvia cae persistente, invadiendo con su fresca caricia cada rincón de este alejado paraje, sumiéndome en una dulce modorra.

Escucho a lo lejos una letanía de niños jugando y te presiento, moreno e inquieto, corriendo descalzo despreocupadamente, mientras la siesta correntina se despereza acompañada por el zumbido de chicharras y el golpeteo del agua sobre la costa del Uruguay.
Tus pequeños pies van dejando huellas cada vez más grandes, como si el planeta se achicara a cada paso. Varias líneas azules forman una extraña e inverosímil rayuela, invitándote a saltar de un país a otro con gran facilidad, llevándote de Argentina a España, de África a Portugal, luego a Inglaterra y América otra vez.
Dejas el juego y te sientas pensativo, mientras acomodas cientos de soldaditos de plomo frente al cordón cordillerano, soñando con libertades más allá del horizonte.
Tiras el piolín del trompo y lo sigues concentrado, seguido de tus soldados, mientras éste avanza a los saltos hasta llegar al mar. Las chicharras acallan sus voces y el atardecer comienza a teñir de púrpura y violeta el horizonte.
El último juego está por comenzar.
Te escondes en la selva peruana hasta que una voz estridente y contestataria sentencia:
-¡Piedra libre para José! -has perdido el último juego ¿o estás cansado?-
Cabizbajo vuelves a la rayuela, das el último salto y pisas el cielo-Boulogne.
El juego ha terminado y tus ojos se pierden en el horizonte. Una pasmosa calma invade cada rincón, anunciando la noche oscura de los que no vuelven más.
Tus pies comienzan a achicarse, manchados de gloria y apatía. Emigran como golondrinas y vuelven a la tarde correntina una vez más.
Recorren despacio la costa mientras las olas de la globalización van borrando, persistentes, sus huellas en la arena de la historia, en el corazón de cada habitante, en la pizarra de cada maestra descontenta.

Febo asoma nuevamente y sus rayos me vuelven a la realidad.
Tras los muros vuelvo a oír tus pasos, pequeños y ágiles.
Espío por un resquicio y me topo con tu rostro sonriente, como absolviendo tanta indiferencia.

© Jenny Wasiuk - Yapeyú, Ctes. 29/01/11

domingo, 17 de octubre de 2010

Manos

“Siempre admiré las manos de mis maestras, por eso quería ser maestra cuando sea grande” -decía mirándose las suyas, ajadas por el trabajo duro en la finca mendocina donde se crió.
Luchó a capa y espada hasta ver convertido su sueño en realidad recién a los 29 años. Pero en el día que se recibió, la alegría se convirtió en angustia: la enviaban a Misiones, un lugar desconocido y lejano donde -comentaban- habían víboras por todos lados, yaguaretés salvajes y mosquitos ponzoñosos.
Sus manos se fueron ajando cada vez más. “La tiza me hace mucho daño” -decía- y seguía amasando el pan, limpiando la huerta, cortando leña con el hacha, sacando agua del pozo, lavando ropa a mano o fregando el piso de madera de la casa, hasta dejarlo blanco.
La primera señal de su enfermedad la dieron sus manos. “No sé qué me pasa, estoy escribiendo y la birome se me escapa de los dedos” -dijo una vez-. Años después la llevé a la capital y el chequeo dio su veredicto: Artritis reumatoidea.
Comenzaron a deformarse precipitadamente. Ya ni las miraba.
Probamos todas las recetas. Todos los medicamentos y consejos. Nada sirvió.
Aquel día del niño del ’95 fue el principio del fin. La llamada de mi padre, que nunca hubiera querido recibir, marcó el punto de partida.
Desnuda y sin sus paladares, en la fría sala de terapia, no quería que la vieran así. Se tapaba hasta la nariz cuando entrábamos.
Llegó el día del maestro y cuando le llevé una plantita de regalo, sacó cuentas de los días que llevaba internada. Eran muchos.
Traté de animarla diciendo “Viste mamita, ya falta poco para la primavera!”
Me miró con esos profundos ojos verdes que hasta hoy me acarician, y dijo: “No. Ya estoy en el invierno de mi vida. No habrán más primaveras…”
El crepúsculo del 20 de septiembre caía en la ciudad, y cayeron sus párpados para siempre.
Sus manos ya no serían un problema.
Se llevaron una flor que le puso mi hijo de 7 años, como pudo, entrelazada entre los dedos.

Pero a pesar de todo, Mamá, tus manos hoy siguen acariciándome convertidas en viento y lluvia…

© Jenny Wasiuk

viernes, 3 de septiembre de 2010

Déjà vu


Simetría inversa
-pero simetría al fin-
la de nuestros nombres
En el cóncavo y convexo
de los cuerpos
la luna,
redondeadora de sueños,
se esconde cada vez más
y una fría turbulencia
comienza a desmenuzar la aurora…
Sola,
una lágrima se derrite
antes de nacer
y el pañuelo blanco
se suicida
por no tener trabajo
ni compañía.
Es así
como se escriben las historias:
déjà vu
y luego el génesis
una vez más…

© Jenny Wasiuk

viernes, 18 de junio de 2010

45º round


Mis ganas
besan la lona
y las dos tiramos los guantes
en la oscura esquina
del cuadrilátero.
Nos miramos
con ojos casi vencidos
y sin decir más
nos escurrimos
hacia la platea
en espera del próximo round

© Jenny Wasiuk

domingo, 6 de junio de 2010

Nació "Cardinales"!!!

Presentación de CARDINALES 14 de mayo de 2010 Paseo Bosetti - Posadas - Misiones - Argentina

Algo de nosotras:

Carta de Navegación

Somos antípodas, paradas a pies descalzos en cada margen opuesto de la vida, somos mujeres, somos viento, somos preguntas.
Elegimos definirnos en las diferencias (N-S-E-O) y nos encontramos unidas en el centro mismo de la palabra para descubrirnos complementarias en oposición, en nuestros temas que se conectan en la intermitente fijación de sabernos puntos cardinales que sostienen. Puntos al fin, imprescindibles para descifrar el laberinto incierto que es la vida.


Para adquirir la obra, por el momento deberá contactarse con las autoras:

Norte: Dana Salas

Sur: Beatriz Bordón

Este: Jenny Wasiuk

Oeste: Vanessa Vargas Velazquez

Sitio web:
http://www.cardinales2010.blogspot.com/

viernes, 9 de abril de 2010

Otoño


Entre pestañas tupidas
y prolijamente maquilladas
se descuelga, tímidamente,
una vieja nostalgia.
Resbala distraída por el pómulo.
Aterriza en el cuello de la camisa
y se desvanece, como el pasado,
entre pañuelos blancos y salados besos.

El otoño siempre me produce el mismo efecto…

© Jenny Wasiuk

viernes, 2 de abril de 2010

Abril


Las hojas levantan vuelo, abandonando el tibio regazo que las vio nacer.
Un mundo fascinante de libertad las espera, y así van, girando y girando, tras sus sueños.
El árbol, con ternura infinita, las ve marcharse, ocultando su cabeza llorosa entre las despojadas ramas.
Una madre llega a la estación acompañando a su largo muchacho, con ojos de niño y rostro minado.
Mientras él disimula el pánico riendo fuerte y prometiendo victoria, ella se deshace en recomendaciones y mocos. El joven y las hojas levantan vuelo.
Árbol y madre se quedan, con los brazos en alto como estatuas grotescas, despidiendo al fruto de sus cuerpos. El otoño apresuró el paso.

Las hojas abonaron la tierra del parque.
El joven, en Malvinas, abonó una utopía.
Nosotros, cada 2 de Abril, nos prometemos más memoria…

© Jenny Wasiuk

domingo, 28 de marzo de 2010

Grito



Desde el fondo fetal de la impotencia
surge este ser que hoy te espanta.
Surge despojado de obediencia
y viene a desnudarte la autocracia.
Tiene navajas en las manos blancas
y vampírica sed de justiciero.
Tiene en los ojos fresco aguacero
de rebeldes salitres guerrilleros.

Tiene una pluma impaciente y obstinada
por manchar de tinta lo que escondes
y en la boca le espuman los ultrajes
a tu pueblo inocente y postergado.

Este ser al que temes y soslayas
Se llama, simplemente…
LA PALABRA.

© Jenny Wasiuk

Pyporepó, mi tercer "hijo"

El 24 de Febrero, en el marco de la "10a Feria del Libro Chaqueño y Regional" tuve la oportunidad de presentar mi tercer libro: PYPOREPÓ (las huellas de mis manos), editado por mi amigo Theo Barrios, de Eldorado (Th Barrios-Rocha Ediciones)
Pyporepó

Qué extrañas consignas las incitan?
Qué lóbregos relámpagos?
Qué espectros?
Qué lluvias arcaicas?
Qué simas sin cima?
Qué oscuridad deslumbrante?
Qué salvajes instintos
renacen indomables
en este entorno hipotecado?
Sólo sé que mis manos
inquietas y enardecidas
garabatean persistentes
en el escenario oblicuo de la vida.

© Jenny Wasiuk

lunes, 29 de junio de 2009

Priscila


…Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
(Neruda)



No hubo anuncio,
ni festejo, ni arrebato.
No hubo espera,
ni cajas de colores
llenándose de sueños y esperanza.
No hubo angustia,
ni alegría, ni revuelo…
No hubo colina creciente ante las ansias
ni un nido preparándose al cobijo.
No hubo carteles luminosos en los ojos
ni sospecha siquiera de tu arribo.

Sólo llegaste, frágil y pequeña,
agitando con círculos concéntricos
el remanso otoñal en que vivía

© Jenny Wasiuk

martes, 5 de mayo de 2009

Elección



Los esclavos sueñan
romper las cadenas
y se preparan en silencio
purgando la condena.

Los capangas se jactan
de su docilidad.

Mientras, detrás del muro
y en el cuarto oscuro
la venganza acecha
disfrazada de boleta.

© Jenny Wasiuk

martes, 21 de abril de 2009

Polizón


Arribé a tus galaxias de pasión
Estacioné en sus hondonadas
Fui ciudadana de tus recintos
renunciando a mi origen
divergente y solitario
Radiqué mis besos en tu boca
Mudé mis sueños a tus valles
Instalé tus caricias
en cada centímetro de mis ansias
y renuncié a todo por tus ojos
Ahora navego
extranjera por el mundo
Indocumentada y polizón en todos lados
Con la boca reseca de tus besos
y la piel baldía de cariño…
Con la mochila llena de recuerdos
y el corazón negándose
-sistemático-
a tu ausencia.

© Jenny Wasiuk

domingo, 15 de marzo de 2009

Ultima voluntad



¡Bienaventurados, bienaventurados los dignificados por la dignidad glacial de la muerte, los invulnerables ya por los hados, una y misma coda ya con el Dios fuerte! Amado Nervo



Si me voy un día
-que seguro me iré-
no te apenes, acepta mi partida...
Despídeme como al arroyo
que pasa cantando frente a tus ojos
y vuelve siempre
convertido en lluvia
para acompañarte
en la alegría de estar vivo...
Recuerda siempre
que todo lo hice
cuando y como quise,
hilvané mi camino
con retazos y matices
vistiéndome de primavera
lloviéndome en cada tropiezo
acunando las ternuras
encogiéndome con el dolor
ardiendo con la injusticia
trenzándome con las penas
disparando mis verdades
ignorando las censuras
eligiendo las ausencias
endulzándome en tu boca
bailando con mis sueños
amamantando nueva vida
renovándome con el silencio
desnudándome en cada verso...
Si me voy un día
como semilla que lleva el viento
germinaré en tu corazón
para vivir en tus recuerdos...
Déjame dormir
como duerme la oruga
que espera la primavera
para convertirse en mariposa.
Déjame marchar
hacia la meta final
sabiendo que algún día
allí me encontrarás.
Si me voy un día
simplemente
despídeme con una sonrisa
no me retengas con tu dolor
y déjame volar hacia el sol

© Jenny Wasiuk

domingo, 2 de noviembre de 2008

Des-interés




El dorado demandó al río por ponerse un calzón de cemento e impedir visitar y fecundar a su amada en celo, la que terminó seducida por un bagre y tuvieron hijos bigotudos.
El río se defendió diciendo que no es un calzón, sino un cinturón de castidad que le pusieron los políticos para evitar la superpoblación de peces y de humanos en los países vecinos.
El político se lavó las manos con agua mineral –la del río está muy contaminada- y acusó a los hombres de reproducirse indiscriminadamente y consumir demasiada energía.
Los hombres acusaron al Ministerio por no proveer televisores y condones suficientes a la población. El Ministerio adujo la falta de caucho por el desmonte del Amazonas y que los fabricantes de televisores están de huelga por tiempo indeterminado.
El juez, rascándose la ingle, dictaminó que provean anticonceptivos gratis a todas las hembras de dorado que están de este lado del río y dio por cerrado el caso.
(Dicen por ahí que el dorado se suicidó por cornudo y las aguas bajan cada vez más turbias)

Lo que me cambió la vida fue la falta papel para escribir, por el desmonte del Amazonas, así que comencé a hacerlo en una computadora que ocupa la energía producida por el cinturón de castidad del río, que compramos al Brasil a buen precio.
Ahora publico gratis en internet y mis poemas de amor son leídos en todo el mundo…

Tal vez un día de éstos investigue sobre el suicidio del dorado, parece una interesante historia de amor, no?

© Jenny Wasiuk
Ilustración: Ángel Azarmendia

sábado, 25 de octubre de 2008

O-misión...


José no comió ayer
ni comerá mañana.
La calle,
su hogar
lo desprotege
y baña su alma
con la suciedad
de una sociedad ciega.

Las costras
del resentimiento futuro
jamás se quitarán...

© Jenny Wasiuk

Semáforo


En las sucias manitos
apoyadas en el parabrisas
veo la moneda del futuro
escatimando sustento...

© Jenny Wasiuk

martes, 21 de octubre de 2008

Vieja casa... (sin almanaques)


Ya no acunas vida
en tus entrañas,
ni esa algarabía que bullía
cuando te habitaba.

Hoy tan sólo eres
tabla sobre tabla
cobijando los recuerdos
de mi niñez lejana.

Y, a pesar del abandono,
sigues en pie –
como proclama-
desafiando al tiempo,
cargada de ausencias
y con mis duendes-niños
habitándote aún,
sin reclamar nada.

© Jenny Wasiuk

sábado, 18 de octubre de 2008

A mi Madre




Fui partícula.
Germiné indefensa
en el profundo cuenco
de tu vientre fecundo.
Me empapaste con amor infinito,
guiaste paciente
cada brote travieso,
y recortaste amorosa
mis espinas
hasta convertirme
en el árbol que soñaste alguna vez.

Hoy estoy de pie,
con esta sólida corteza
-casi imbatible-
y ramas colosales
que cobijan con ternura
jóvenes arbustos.

Pero el corazón…
Ah, el corazón!!
Me diste uno tan blando
que se desgarra inexorable
ante las injusticias…

Desde la selva de mis días
sólo puedo decirte:
Mamá, gracias por tus ramas…
aunque ya no cobijan como antes
y a veces siento frío…

© Jenny Wasiuk
Octubre de 2008 – Día de la Madre

martes, 23 de septiembre de 2008

Libertad


A Rulo, que estrena alas

Estuvieron juntos desde el principio. Inseparables. Incondicionales.
Compartieron alegrías y tristezas. Amores y desamores.
Fueron y vinieron por la vida haciendo lo que se les vino en gana, disfrutando cada instante o padeciéndolo, siempre con intensidad… con desenfado.
Estudiaron, aprendieron, crecieron y se hicieron notar en una sociedad distraída y desinteresada.
Dejaron una huella imborrable en muchos corazones.
Pero un día… un nefasto día… el cuerpo se cansó de obedecer a la mente... y desde entonces comenzó a alejarse cada vez más.
Primero la acompañaba de mala gana, quejoso y dolorido, hasta que al final ya no se movió más.
Se convirtió en su cárcel. La aprisionó en un cuarto de dos por dos. En un cráneo que a veces sentía que iba a estallar.
Por eso decidió partir….
Porque la vida ya no era vida y la muerte sólo liberación.
Hoy, su mente vaga libre entre quienes lo amaron, y el cuerpo… alimenta las raíces amargas de un viejo lapacho.

© Jenny Wasiuk

viernes, 15 de agosto de 2008

Resurgiendo


Mis musas
viudas de mí
andan rondando
esta tumba/cama
donde amontono
mis muertes diarias
hasta que el sol
-afilado-
me inyecta
una que otra esperanza
por las mañanas...
Al caer la tarde
vuelvo al útero de la tristeza
y ellas
-mis viudas-
hacen una ronda de tinta
y me tientan...

Parece que un día de éstos
voy a nacer otra vez.

Ya siento a mi alrededor
algunas que otras
con
trac
ciones

© Jenny Wasiuk

jueves, 19 de junio de 2008

Interrogante...



Amor...
Cómo será, me pregunto,
franquear el amanecer entre tus brazos
y transitar tu país de abrazos
hasta hallar, en un rincón lejano
un hueco donde quepan mis anhelos
y un infinito pecho de caricias
que cobije mis erráticas quimeras?
Cómo será mojar mis pies
en tu río de pasiones
que fluye, vasto y complaciente
por un cauce de caricias
fundando pueblos de ternura
y germinando las rosas del deseo?
Cómo podré negarme
a sembrar trigo en tus colinas
y cosechar besos recién horneados
tras el límite de tus labios?
Cómo será sucumbir
a tus palabras
que ofrecen un refugio tibio
y serenamente se instalan
en el cuenco de las manos
tornándose en hoguera,
avivando ilusiones postergadas?

Cómo llegar hasta tu huerto?
Cómo encontrarte en este día incierto?
Cómo seguir el mapa que trazaron mis sueños
sin perder las esperanzas,
si con sólo invocarte,
hoy no me alcanza?

© Jenny Wasiuk

viernes, 13 de junio de 2008

Mi luna




Habéis de saber que en cuitas de amor, por una mujer padezco dolor.
Esa mujer es la luna, que en azar de amable guerra,
va arrastrando por la tierra mi esperanza y mi fortuna.
Leopoldo Lugones

Ah, poeta enamorado
de lejanas e imposibles
fuentes de amor y bruma,
dejaste huellas profundas
de tinta y sangre preñadas
metaforeando tu pluma
con amargas pinceladas.
Amor imposible y lejano
ése que tanto proclamas,
amor que no ha sido en vano:
sembró de luces tus versos
infectándome, iracundas
de tus plateados sueños,
que subyugaron mi alma
trocándome en esclava
de su altivez y prestancia.

© Jenny Wasiuk
A Leopoldo Lugones, en el aniversario de su nacimiento. A todos mis amigos escritores en su día.

martes, 12 de febrero de 2008

Puertas


Hay puertas para salir:
huyendo,
evadiendo,
buscando libertad
yendo tras un sueño…

Otras para entrar:
a la vida,
al dolor
a la ausencia
al amor…

Ahora, aclarame por favor,
cuando abriste aquella puerta de jueves:
¿llegabas o te ibas?

Todavía no logro descubrir
si estás dentro
o fuera
de mi corazón.

© Jenny Wasiuk

domingo, 13 de enero de 2008

Credo


Acaso soy
menos hija de esta tierra
por las rosas blancas de mi piel?
-las rosas crecen en todas partes-
Seré menos hermana
por el trigal de mis cumbres
o esta torpe boca mía
que enmudece
ante tu lengua madre?

Tu y yo hemos mamado
el ilex y la savia,
nos endulzó la boca
el güembé y la yabuticaba

Por eso afirmo
siento
palpito
que esta tierra nos hermana!!!

© Jenny Wasiuk

domingo, 18 de noviembre de 2007

Despedida


Al tío Tolio, que “voló” a la tierra sin mal

Deshilachabas nieves
con tus manos cansadas
mientras tejías nostalgias
e historias reiteradas.
Filosofabas con Dios
y recitabas salmos
en el silencio amarillo
de tu otoñal placidez.
Quisiste volar con las uvas
una mañana de noviembre
y encaramado al parral
desplegaste las alas
-setentinas, gastadas-
partiendo a esa tierra
donde transitarás

sindolor
sinangustia
sinmemoria

para siempre.

© Jenny Wasiuk

miércoles, 17 de octubre de 2007

Instrucciones para beber un poema


Doble bien el papel,
-preferentemente manuscrito-
y colóquelo en el fondo de una taza.
Vierta sobre él sueños hirviendo
a los que habrá agregado
gotitas de rocío
y un poco de imaginación.
Deje reposar un rato
hasta que comiencen a flotar
algunas metáforas en forma de hilo flojo…
(Si es un poema de amor,
puede agregarle unas gotitas de limón
para no empalagarse;
si es de desamor,
endúlcelo para no agriarse.)
Cuando esté tibio
bébalo despacio,
pero de una sola vez.

Si siente un leve ardor en la garganta
es porque el poema
ha logrado su objetivo.

© Jenny Wasiuk

Condenada...


Condenada
a distancia perpetua de tu boca
sin recurso ni amparo,
me alego emoción violenta
y te beso
con algún poema
de vez en cuando.

© Jenny Wasiuk

Lluvia


Con el tiempo, he aprendido a guardarte bajo siete llaves en el sótano profundo de los recuerdos.
He aprendido a beber la luna, sin que tu piel se escurra entre la bruma.
He aprendido a saborear el vino en soledad, y a Cortázar, y a Neruda…
He aprendido a sobrevivir los fines de semana de asfalto y cemento, a las noches de pies fríos y al solitario mate amanecido.
He aprendido a no tener arco iris, a escarcharme la piel, a dormir sin tu boca.
He aprendido a no extrañarte, a no buscarte, a no llorarte.
Pero la lluvia…
Ah, la lluvia!!
Cuando la humedad invade salvajemente mis sentidos, bajo -inexorablemente- a las catacumbas de la memoria y te busco en la verde espesura, en los charcos espejados de silencio, en la brevedad selvática de las madrugadas.
Y siento la sal de tu cuerpo resbalando nuevamente por mis ríos.
Un tornado de sensaciones me vuela las ideas, se tensan las cuerdas y una vieja melodía se cuela por las grietas, aún abiertas, de mi coraza.
Nada impide que te reviva cada vez que llueve.
Nada...
Hasta no ver el arco iris, volvés a ser, en mi cuerpo, la otra piel.

© Jenny Wasiuk

sábado, 22 de septiembre de 2007

Desnudez


He brotado desnuda
en el corazón rojo
de una tierra sin mal.

Transité sus arterias
en descalza
e inocente niñez
ausente de memorias,
hasta el límite
de la ingenuidad
donde tuve que vestirme
-irremediablemente-
con máscaras de silencio
de obediencia
de miedo
de culpa
de madre responsable

Desde entonces
comencé a morir
sin sombra ni rumbo
desandando la esperanza
perdida
asfixiada
invisible…

Hasta que un día
volví a desnudarme
en poesía…

© Jenny Wasiuk

Desprendimiento


Esta mañana
mis besos amanecieron vestidos
y la penumbra de desvistió de tu perfume
dejando pasar el sol.

Esta mañana supe que debía dejarte ir…
Sólo abrí la ventana
y salieron en bandada tus recuerdos
guardados celosamente
debajo de la almohada.

Ahora sólo me queda
volver a vestirme de mí
y salir a enfrentar el mundo
desnuda de vos.

© Jenny Wasiuk

lunes, 17 de septiembre de 2007

Voy...


Y así voy
tropezando por la vida
Alimentándome con poemas de otros
o vomitando algunos versos
de vez en cuando
Empañando mis ojos
con humo de cigarrillos
o de civilización
Bañándome con rocío
o con las aguas contaminadas del río
Respirando los jardines
o cloacas a cielo abierto
Transpirando por dinero
o por el calentamiento global

En esta ausencia de oxígeno,
en este ocaso de paz
frente a esta pantalla radiactiva
sólo me pregunto:
cuál de ellos me matará primero?

© Jenny Wasiuk

Carita sucia


Carita sucia...
manitos heladas
tacuarita el cuerpo,
barriguita hinchada
tus descalzos pies
pisan la calzada
corriendo entre autos
que el semáforo para.

Carita sucia...
manitos heladas
no tienes la culpa
y sin embargo cargas
con tantas angustias
de vidas pasadas
el hambre de muchos
hoy pesa en tu alma.

Carita sucia...
manitos heladas
no pudiste escapar
a la suerte echada
las ruedas del mundo
arrollaron tus sueños
derramaron tu sangre,
quebraron tus huesos.

Carita sucia...
manitos heladas
te lloran chivatos
con sus rojas lágrimas
te llora la esquina,
te lloran mis ojos
te piden perdón
por tantos despojos.

Carita de luna...
manitos de hada
hoy vuelas cual ángel,
no hay frío en tu alma
ya no tienes hambre
ni te falta almohada
ya no tienes prisa
ni el semáforo llama...

© Jenny Wasiuk