jueves, 22 de marzo de 2012

Invocación



Bendita sea usted, Señora.
Su voluntad sea hecha
tanto en mis días
como en mis noches.
Dueña es de mi existencia.
... Señorea mi alma
y mis pensamientos
castigándome a veces
con largos silencios.
Pero siempre vuelve
porque también
me echa de menos...

Bendita sea usted
en su día
Señora Poesía!

© Jenny Wasiuk
21/3/12

martes, 28 de febrero de 2012

Cambio


Tendré que cambiar los muebles de lugar
para chocar con ellos
en noches de insomnio
así en esta casa duele algo más
que el vacío
de la ausencia...

© Jenny Wasiuk

martes, 29 de noviembre de 2011

Ruptura

Estuvimos juntas desde la infancia, no recuerdo bien el momento exacto en que llegó a mi vida, pero desde entonces fuimos inseparables.
Tuvo asistencia perfecta en cada acontecimiento: fiestas de fin de año, cumpleaños, nacimientos, despedidas… Su presencia era casi imperceptible. Pero sabía que estaba y con eso me bastaba.
Comimos y bebimos juntas, dormimos y nos levantamos juntas, fuimos de vacaciones, lloramos el primer día de clases de mi hijo y nos emocionamos cuando mi hija prometió la bandera.
En cada momento importante estuvo presente, y en la malas me ayudó a masticar la furia hasta hacerla desaparecer.
Lamentablemente los años fueron agriando su carácter. Comenzó de pronto a tener una que otra crisis, tan leves que apenas se podían apreciar. Y luego más y más seguidas hasta convertirse en grandes ataques de histeria. Estaba como poseída por varios demonios. No me dejaba dormir, no podía probar bocado, su presencia se había tornado traumática y había que hacer algo urgente, por el bien de ambas.
Luego de varias noches de insomnio, con los nervios destrozados y totalmente fuera de mí, tomé la decisión que venía postergando desde hacía mucho tiempo. Debíamos separarnos para siempre, aunque esto significara liquidarla sin remedio. Jamás pensé que llegaría a este extremo, pero mi tolerancia y mi paciencia tienen límites, y ella los sobrepasó demasiadas veces y demasiado lejos.
Sin culpas –me dije- ella se lo buscó. Es la única responsable de su final.

Ahora la miro, ensangrentada y silenciosa, tirada sobre un blanco paño. Siento una breve nostalgia. Las comidas sin ella no serán lo mismo de hoy en más, pero valió la pena! Maldita muela, que en paz descanses!

© Jenny Wasiuk

jueves, 2 de junio de 2011

Hechizo




No debería confesarlo, pero…
esa luna maldita
el vino borgoñeando los sentidos
el monte acunando las ansias
y tu piel detrás de la copa
me volvieron adicta
sin remedio…

© Jenny Wasiuk

lunes, 18 de abril de 2011

El Cronopio


Leía Rayuela, sentado en la mesa de enfrente.
Fumaba tabaco negro. Escupía humo gris. Bebía cerveza rubia.
Yo hojeaba Bestiario, fumando cigarrillos rubios, bebiendo cerveza negra.
De pronto lo descubrí. Soplé humo gris hacia su mesa y seguí leyendo, como distraída.
Cerró el libro. Lo puso bajo el brazo. La botella en una mano y el vaso en otra izaron al cuerpo moreno. Se acercaron a mi mesa y sonrieron.
Nuestros humos se mezclaron.
Las palabras salieron de las bocas, copularon con la cerveza y se multiplicaron velozmente.
Luego vino la risa, como espuma.
Creció y comenzó a caerse de la mesa.
Cuando inundó el bar nos echaron.
Llenamos de espuma las calles. Resbalamos cuesta abajo, hasta el borde mismo del río. Justo frente a su casa. Encontramos más hijos de palabras flotando sobre la espuma.
Los tragamos y volvieron a reproducirse.
Entramos a su casa.
El calor nos quitó la ropa. El sudor coqueteaba con la espuma y las palabras.
Las palabras olvidaron su timidez. Se incrustaron de lleno en la boca opuesta. Circularon por el cuerpo. Bailaron en el estómago una danza primitiva y provocadora.
Bajaron hasta la entrepierna y se convirtieron en volcán.
Temblaron y rugieron cada vez más fuerte, intentando escapar.
Hicieron erupción y patinaron en sudor. Varias veces. Toda la noche.
Al amanecer sólo cenizas, colillas mal apagadas, vasos vacíos y lava por toda la casa.
Me despedí del Cronopio y emprendí la retirada, cuesta arriba.
Todavía había espuma por las calles.
Todavía quedaban palabras sin reproducirse.

Por eso vuelvo cada tanto a ese bar.
Y siempre está ahí. Con Rayuela, tabaco negro y cerveza rubia, esperando la señal.

© Jenny Wasiuk

domingo, 17 de octubre de 2010

Manos

“Siempre admiré las manos de mis maestras, por eso quería ser maestra cuando sea grande” -decía mirándose las suyas, ajadas por el trabajo duro en la finca mendocina donde se crió.
Luchó a capa y espada hasta ver convertido su sueño en realidad recién a los 29 años. Pero en el día que se recibió, la alegría se convirtió en angustia: la enviaban a Misiones, un lugar desconocido y lejano donde -comentaban- habían víboras por todos lados, yaguaretés salvajes y mosquitos ponzoñosos.
Sus manos se fueron ajando cada vez más. “La tiza me hace mucho daño” -decía- y seguía amasando el pan, limpiando la huerta, cortando leña con el hacha, sacando agua del pozo, lavando ropa a mano o fregando el piso de madera de la casa, hasta dejarlo blanco.
La primera señal de su enfermedad la dieron sus manos. “No sé qué me pasa, estoy escribiendo y la birome se me escapa de los dedos” -dijo una vez-. Años después la llevé a la capital y el chequeo dio su veredicto: Artritis reumatoidea.
Comenzaron a deformarse precipitadamente. Ya ni las miraba.
Probamos todas las recetas. Todos los medicamentos y consejos. Nada sirvió.
Aquel día del niño del ’95 fue el principio del fin. La llamada de mi padre, que nunca hubiera querido recibir, marcó el punto de partida.
Desnuda y sin sus paladares, en la fría sala de terapia, no quería que la vieran así. Se tapaba hasta la nariz cuando entrábamos.
Llegó el día del maestro y cuando le llevé una plantita de regalo, sacó cuentas de los días que llevaba internada. Eran muchos.
Traté de animarla diciendo “Viste mamita, ya falta poco para la primavera!”
Me miró con esos profundos ojos verdes que hasta hoy me acarician, y dijo: “No. Ya estoy en el invierno de mi vida. No habrán más primaveras…”
El crepúsculo del 20 de septiembre caía en la ciudad, y cayeron sus párpados para siempre.
Sus manos ya no serían un problema.
Se llevaron una flor que le puso mi hijo de 7 años, como pudo, entrelazada entre los dedos.

Pero a pesar de todo, Mamá, tus manos hoy siguen acariciándome convertidas en viento y lluvia…

© Jenny Wasiuk

viernes, 3 de septiembre de 2010

Déjà vu


Simetría inversa
-pero simetría al fin-
la de nuestros nombres
En el cóncavo y convexo
de los cuerpos
la luna,
redondeadora de sueños,
se esconde cada vez más
y una fría turbulencia
comienza a desmenuzar la aurora…
Sola,
una lágrima se derrite
antes de nacer
y el pañuelo blanco
se suicida
por no tener trabajo
ni compañía.
Es así
como se escriben las historias:
déjà vu
y luego el génesis
una vez más…

© Jenny Wasiuk

viernes, 18 de junio de 2010

45º round


Mis ganas
besan la lona
y las dos tiramos los guantes
en la oscura esquina
del cuadrilátero.
Nos miramos
con ojos casi vencidos
y sin decir más
nos escurrimos
hacia la platea
en espera del próximo round

© Jenny Wasiuk

domingo, 6 de junio de 2010

Nació "Cardinales"!!!

Presentación de CARDINALES 14 de mayo de 2010 Paseo Bosetti - Posadas - Misiones - Argentina

Algo de nosotras:

Carta de Navegación

Somos antípodas, paradas a pies descalzos en cada margen opuesto de la vida, somos mujeres, somos viento, somos preguntas.
Elegimos definirnos en las diferencias (N-S-E-O) y nos encontramos unidas en el centro mismo de la palabra para descubrirnos complementarias en oposición, en nuestros temas que se conectan en la intermitente fijación de sabernos puntos cardinales que sostienen. Puntos al fin, imprescindibles para descifrar el laberinto incierto que es la vida.


Para adquirir la obra, por el momento deberá contactarse con las autoras:

Norte: Dana Salas

Sur: Beatriz Bordón

Este: Jenny Wasiuk

Oeste: Vanessa Vargas Velazquez

Sitio web:
http://www.cardinales2010.blogspot.com/

viernes, 9 de abril de 2010

Otoño


Entre pestañas tupidas
y prolijamente maquilladas
se descuelga, tímidamente,
una vieja nostalgia.
Resbala distraída por el pómulo.
Aterriza en el cuello de la camisa
y se desvanece, como el pasado,
entre pañuelos blancos y salados besos.

El otoño siempre me produce el mismo efecto…

© Jenny Wasiuk

viernes, 2 de abril de 2010

Abril


Las hojas levantan vuelo, abandonando el tibio regazo que las vio nacer.
Un mundo fascinante de libertad las espera, y así van, girando y girando, tras sus sueños.
El árbol, con ternura infinita, las ve marcharse, ocultando su cabeza llorosa entre las despojadas ramas.
Una madre llega a la estación acompañando a su largo muchacho, con ojos de niño y rostro minado.
Mientras él disimula el pánico riendo fuerte y prometiendo victoria, ella se deshace en recomendaciones y mocos. El joven y las hojas levantan vuelo.
Árbol y madre se quedan, con los brazos en alto como estatuas grotescas, despidiendo al fruto de sus cuerpos. El otoño apresuró el paso.

Las hojas abonaron la tierra del parque.
El joven, en Malvinas, abonó una utopía.
Nosotros, cada 2 de Abril, nos prometemos más memoria…

© Jenny Wasiuk

domingo, 28 de marzo de 2010

Grito



Desde el fondo fetal de la impotencia
surge este ser que hoy te espanta.
Surge despojado de obediencia
y viene a desnudarte la autocracia.
Tiene navajas en las manos blancas
y vampírica sed de justiciero.
Tiene en los ojos fresco aguacero
de rebeldes salitres guerrilleros.

Tiene una pluma impaciente y obstinada
por manchar de tinta lo que escondes
y en la boca le espuman los ultrajes
a tu pueblo inocente y postergado.

Este ser al que temes y soslayas
Se llama, simplemente…
LA PALABRA.

© Jenny Wasiuk

Pyporepó, mi tercer "hijo"

El 24 de Febrero, en el marco de la "10a Feria del Libro Chaqueño y Regional" tuve la oportunidad de presentar mi tercer libro: PYPOREPÓ (las huellas de mis manos), editado por mi amigo Theo Barrios, de Eldorado (Th Barrios-Rocha Ediciones)
Pyporepó

Qué extrañas consignas las incitan?
Qué lóbregos relámpagos?
Qué espectros?
Qué lluvias arcaicas?
Qué simas sin cima?
Qué oscuridad deslumbrante?
Qué salvajes instintos
renacen indomables
en este entorno hipotecado?
Sólo sé que mis manos
inquietas y enardecidas
garabatean persistentes
en el escenario oblicuo de la vida.

© Jenny Wasiuk

lunes, 29 de junio de 2009

Priscila


…Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
(Neruda)



No hubo anuncio,
ni festejo, ni arrebato.
No hubo espera,
ni cajas de colores
llenándose de sueños y esperanza.
No hubo angustia,
ni alegría, ni revuelo…
No hubo colina creciente ante las ansias
ni un nido preparándose al cobijo.
No hubo carteles luminosos en los ojos
ni sospecha siquiera de tu arribo.

Sólo llegaste, frágil y pequeña,
agitando con círculos concéntricos
el remanso otoñal en que vivía

© Jenny Wasiuk

martes, 5 de mayo de 2009

Elección



Los esclavos sueñan
romper las cadenas
y se preparan en silencio
purgando la condena.

Los capangas se jactan
de su docilidad.

Mientras, detrás del muro
y en el cuarto oscuro
la venganza acecha
disfrazada de boleta.

© Jenny Wasiuk

martes, 21 de abril de 2009

Polizón


Arribé a tus galaxias de pasión
Estacioné en sus hondonadas
Fui ciudadana de tus recintos
renunciando a mi origen
divergente y solitario
Radiqué mis besos en tu boca
Mudé mis sueños a tus valles
Instalé tus caricias
en cada centímetro de mis ansias
y renuncié a todo por tus ojos
Ahora navego
extranjera por el mundo
Indocumentada y polizón en todos lados
Con la boca reseca de tus besos
y la piel baldía de cariño…
Con la mochila llena de recuerdos
y el corazón negándose
-sistemático-
a tu ausencia.

© Jenny Wasiuk

domingo, 15 de marzo de 2009

Ultima voluntad



¡Bienaventurados, bienaventurados los dignificados por la dignidad glacial de la muerte, los invulnerables ya por los hados, una y misma coda ya con el Dios fuerte! Amado Nervo



Si me voy un día
-que seguro me iré-
no te apenes, acepta mi partida...
Despídeme como al arroyo
que pasa cantando frente a tus ojos
y vuelve siempre
convertido en lluvia
para acompañarte
en la alegría de estar vivo...
Recuerda siempre
que todo lo hice
cuando y como quise,
hilvané mi camino
con retazos y matices
vistiéndome de primavera
lloviéndome en cada tropiezo
acunando las ternuras
encogiéndome con el dolor
ardiendo con la injusticia
trenzándome con las penas
disparando mis verdades
ignorando las censuras
eligiendo las ausencias
endulzándome en tu boca
bailando con mis sueños
amamantando nueva vida
renovándome con el silencio
desnudándome en cada verso...
Si me voy un día
como semilla que lleva el viento
germinaré en tu corazón
para vivir en tus recuerdos...
Déjame dormir
como duerme la oruga
que espera la primavera
para convertirse en mariposa.
Déjame marchar
hacia la meta final
sabiendo que algún día
allí me encontrarás.
Si me voy un día
simplemente
despídeme con una sonrisa
no me retengas con tu dolor
y déjame volar hacia el sol

© Jenny Wasiuk

domingo, 2 de noviembre de 2008

Des-interés




El dorado demandó al río por ponerse un calzón de cemento e impedir visitar y fecundar a su amada en celo, la que terminó seducida por un bagre y tuvieron hijos bigotudos.
El río se defendió diciendo que no es un calzón, sino un cinturón de castidad que le pusieron los políticos para evitar la superpoblación de peces y de humanos en los países vecinos.
El político se lavó las manos con agua mineral –la del río está muy contaminada- y acusó a los hombres de reproducirse indiscriminadamente y consumir demasiada energía.
Los hombres acusaron al Ministerio por no proveer televisores y condones suficientes a la población. El Ministerio adujo la falta de caucho por el desmonte del Amazonas y que los fabricantes de televisores están de huelga por tiempo indeterminado.
El juez, rascándose la ingle, dictaminó que provean anticonceptivos gratis a todas las hembras de dorado que están de este lado del río y dio por cerrado el caso.
(Dicen por ahí que el dorado se suicidó por cornudo y las aguas bajan cada vez más turbias)

Lo que me cambió la vida fue la falta papel para escribir, por el desmonte del Amazonas, así que comencé a hacerlo en una computadora que ocupa la energía producida por el cinturón de castidad del río, que compramos al Brasil a buen precio.
Ahora publico gratis en internet y mis poemas de amor son leídos en todo el mundo…

Tal vez un día de éstos investigue sobre el suicidio del dorado, parece una interesante historia de amor, no?

© Jenny Wasiuk
Ilustración: Ángel Azarmendia

sábado, 25 de octubre de 2008

O-misión...


José no comió ayer
ni comerá mañana.
La calle,
su hogar
lo desprotege
y baña su alma
con la suciedad
de una sociedad ciega.

Las costras
del resentimiento futuro
jamás se quitarán...

© Jenny Wasiuk

Semáforo


En las sucias manitos
apoyadas en el parabrisas
veo la moneda del futuro
escatimando sustento...

© Jenny Wasiuk