domingo, 28 de abril de 2019

Cielo



Bombardeamos el cielo

con sinónimos filosos
y poemas desvelados.

Ahora, lleno de agujeros
nos deja ver la luz
de los poetas que se adelantaron
a preparar el banquete
-eterno-
de metáforas amanecidas.


©Jenny Wasiuk

viernes, 19 de abril de 2019

A-lunada



Una resuelta luna llena de abril descorcha aquella vieja nostalgia mía largamente añejada en las bodegas del pasado. Se planta frente a mis vacilaciones y llena una gran copa.
Miro temerosa el efervescente contenido. En cada minúscula burbuja se repite, narcóticamente, la imagen de un hombre pequeño con un corazón pequeño sosteniendo en su mano pequeña la llave grande de la casa grande donde mi amor grande lo albergara incondicional. Detrás suyo un sendero zigzagueante con las huellas de mis sueños rotos que poco a poco fueron alejándose hasta perderse en el horizonte.
El tiempo pasa y las pequeñas esferas se desvanecen.
La nostalgia se evapora, dejando botella y copa vacías.
La luna se aleja satisfecha.
La bodega bloquea sus puertas.
Y una mejor versión de mí, ya sin lastres, levanta vuelo en este infinito cielo otoñal.

©Jenny Wasiuk

Foto: gentileza Laura Kachorroski

jueves, 14 de julio de 2016

Homo Sapiens - Siglo XXI



Buscamos. Encontramos. Queremos más. Seguimos buscando…
Vivimos a control remoto, eternamente insatisfechos.
Para estar completos necesitamos Amor o WiFi.
Cualquiera de los dos llena el vacío por un rato, pero el segundo entretiene más y no requiere esfuerzo de nuestra parte, por eso hay cada vez más gente sola que tiene “un millón de amigos”.
Ante cada publicación en las redes, esperamos ansiosos la aprobación de gente que casi ni conocemos. Disfrutamos más de los “me gusta” obtenidos que del hecho real que produjo esa publicación.
Dejamos de mirar el paisaje con nuestros ojos. Lo vemos todo “en vivo y en directo” a través de una pantalla.
Hablamos con los dedos. Las bocas quedan relegadas al mecánico acto de comer.
Cuando de pronto pasa que no tenemos en teléfono como escudo ante el amenazante mundo real, nos cuesta entablar una conversación, no logramos sostener la mirada de quien nos habla y tampoco sabemos qué hacer con las manos…

¿Era esto lo que soñábamos en el siglo pasado, cuando nos hablaban de los avances de la tecnología?
¿Imaginamos que terminaríamos sumergidos en un mundo tan solitario y extremadamente lleno de información que ya no somos capaces de procesar?
A esta velocidad… ¿cómo seremos en diez o veinte años?

PD: si te gustó, dale un LIKE… ;)

© Jenny Wasiuk

(delirios provocados por una gripe que se prolonga más de lo aceptable)

viernes, 1 de julio de 2016

Carta a mi hermano Mbya-guaraní


Hermanito querido, hoy fuiste noticia por tus pies descalzos…
Todo el país se conmovió y revolucionó por esa inocente imagen donde, con orgullo, portabas la bandera argentina, bandera que te fuera impuesta por quienes un día llegamos a tus tierras, las tomamos y quisimos obligarte a ver el mundo con nuestros ojos, cambiamos tus dioses, te obligamos a adoptar nuestras costumbres, pretendimos “domesticarte” usando los recursos más viles…
Pasaron los siglos y aún hoy seguimos sin comprender por qué seguís negándote al “progreso”, y nos escandalizamos al ver tu manera simple de honrar a Tupá, de conectarte con la madre tierra, con los animales y las plantas. Conocés -como pocos- los secretos de la selva, la hoja que cura, el veneno que mata, el panal escondido, sabés cultivar la tierra sin maltratarla, caminás por el monte sin perderte, escuchás el rumor de la selva que dicta el nombre de tus hijos, pero tenés que ponerles también un nombre “cristiano” para que puedan pertenecer al mundo que te robamos.
Nos autoproclamamos sabedores de todas las verdades, y cuantas más verdades “descubrimos”, más preguntas tenemos, en cambio vos, hermanito, vivís la vida sin preguntar, sólo existiendo, aprendiendo y honrando el conocimiento de tus antepasados.
Te impusimos un idioma, una bandera, un dios. Te obligamos a usar ropas y calzados, a vivir en casas “decentes”, rompimos la magia de tus montes, saqueamos sus riquezas, huyeron los pocos animales que sobrevivieron a nuestra codicia y hoy tenés que subsistir a orillas de las rutas o en suburbios de ciudades, mendigando y olvidando lentamente tus orígenes…
Y después nos golpeamos el pecho ante tu desdichado destino!
Quién es el salvaje entonces?

Hoy honro tus pies descalzos!
Hoy me cuesta mirarte a los ojos, y sólo puedo decirte: perdón hermanito, a nosotros, los “blanquitos”, también nos gusta andar descalzos!

©Jenny Wasiuk


viernes, 17 de junio de 2016

La sombra


El atardecer pinta de rojos y naranjas un cielo rabiosamente perfecto, anunciando la llegada incontenible de la noche y mis cavilaciones, la oscuridad y mis desvelos, las estrellas y mis penas titilando.
Salgo a la vereda con termo y mate en una mano y un sillón en la otra. Me siento a mirar y a dejarme mirar. Siempre pasa lo mismo. La gente pasa, mira sin ver, aleja la mirada y la vuelve automáticamente otra vez. Será que es tan visible la melancolía?
El eco de ese pensamiento se expande y me invade, los recuerdos se disparan, van y vuelven, giran y levantan las hojas que el otoño sacrificó, me acarician y a la vez abren una que otra cicatriz con su infalible filo.  
Un escalofrío comienza en aquel invierno lluvioso y lejano del primer beso y culmina en otro invierno, un año atrás, en que un día como hoy amanecía por última vez junto a su piel ardiente. De golpe siento frío. Mucho frío.
Sacudo la nostalgia. El mate se heló. Las nubes se agolparon y comienza a caer una fina llovizna. El aroma a tierra mojada, a invierno en puerta, a tibias sábanas precipita más recuerdos.
Vuelvo casi corriendo a la casa, tan vacía como mi alma. Abro la puerta y una sombra se escurre en la penumbra, toma el pasillo y va hacia mi antigua habitación. Voy tras ella sin encender las luces. Al final del pasillo me detengo y miro a la derecha. Ahí está, en el borde de la ventana a punto de escabullirse entre las rejas.
Nos miramos largo rato. Siempre viene a recorrer los rincones donde alguna vez compartimos tanta vida. Comienza a escurrirse, lentamente, como no queriendo irse, pero sabiendo que no hay a qué quedarse. Ya no está la cama donde alguna vez retozara incontrolable, ni están los muebles donde amontonara sus venturas. Ya no hay resquicios oscuros donde ocultarse y seguir rondándome. Y nos separa tanta herida que a estas alturas nada es igual.
Termina de irse. Cierro la ventana, salgo y cierro la puerta también. Me acurruco en la pequeña cama de mi nueva habitación y, por primera vez en mucho tiempo, me quedo dormida de inmediato.
Mañana será otro día. Un nuevo día. El vacío seguirá estando, pero la sombra...

© Jenny Wasiuk – Posadas - 10/06/2016

martes, 14 de junio de 2016

Re-naciéndonos



Desde que la luz roja
de la sala de espera
anunció tu llegada,
seguimos pariéndonos
todos los días…

A veces pujo con fuerza
dejando ir las expectativas
no cumplidas por tus libres alas;
otras, pujás vos
abriéndote paso entre nuestros miedos
para ir en busca de tus sueños.

Pero al final del día,
cuando cae la nostalgia,
flotamos nuevamente
en el amniótico amor incondicional
que, umbílico,
nunca se cortará!

A mi hija, Vanina Gisel Merlos, en su 25 cumpleaños.
Te amo infinitamente amor mío!!!


© Jenny Wasiuk

miércoles, 20 de abril de 2016

Contrasentido I


- ¡Creo que esto no va más! –dijo mientras se desplomaba en la cama... esa cama que antes provocaba sus fantasías y ahora le hacía doler la espalda.
Cerró los ojos y suspiró hondo, como escarbando en las profundidades de su ser hasta encontrar las palabras preparadas especialmente para esa ocasión.
Luego de un largo rato posó su fría mirada en ella y comenzó a hablar, pausada e ininterrumpidamente.
- Pensar que al principio te adoraba... todo era ideal... compartimos tantas cosas, tantos momentos felices, donde el tiempo parecía detenerse y las estrellas titilaban cómplices dentro de la copa del rojo vino, mientras mis anhelos más profundos se veían satisfechos con tu sola presencia. Pero el tiempo comenzó a mostrarme tus carencias. Ya no eras tan maravillosa como te había soñado. No cubrías todas mis necesidades ni mis expectativas, ni tenías la brillantez del principio. Te fuiste ajando día a día y no serviste para cubrirme las espaldas. Ahí fue que comencé a extrañar mi pasado, mi vida anterior a tu existencia, esos otros momentos donde la rutina me llevaba tranquilamente de la mano por los mismos caminos todos los días. Pensaba que aquello era lo que me había agotado, por eso decidí cambiarla por vos, pero veo que no soy capaz de esta metamorfosis, de no saber qué estaremos haciendo dentro de una hora, de vivir en el filo de la cornisa sin detenerme, adrenalizado las veinticuatro horas del día... Creí encontrar la vida que siempre soñé y aposté con los cinco sentidos a vivirla intensamente, pero no, no alcanzaste a colmar mis necesidades. Y no se te ocurra llamarme egoísta, pues no lo soy. Sabés perfectamente todo lo que he pasado en la vida, así que hoy lo único que importa es que aún sigo vivo, y seguiré haciendo lo que yo quiera, cuando quiera y con quien elija. No tenés derecho a reprocharme absolutamente nada. Me jugué, aposté todas las fichas que tenía y no fuiste lo que yo esperaba, por eso he decidido dejarte. Si no pudiste darme lo que yo esperaba, no me importa lo que pienses, sólo sé que no puedo seguir así. Volveré a usar la Mastercard!!
(Y tiró la Visa Gold a la basura)

© Jenny Wasiuk - 5 de septiembre/2005

Contrasentido II


Tenemos que hablar -dije- y debe ser ahora, sin dilaciones.
Hace un buen tiempo nuestra relación viene desgastándose sin posibilidad de solución. 
Es una constante necesitarte y que no estés. Eso sí, yo debo estar y atender tu llamado siempre, y si no lo hago, insistís hasta el hartazgo.
Así pues, a estas alturas la cosa se ha tornado tan desigual que ya no vale la pena hablar de derechos, intentar que la situación mejore o buscar soluciones donde no hay intención ni interés en cambiar.
Me ha costado mucho tomar esta decisión. La postergué desde hace tiempo con la esperanza que mejorarías; que ya -el otro mes nomás- las cosas podrían ser diferentes; que no soy la única que tiene este tipo de problemas o reclama lo mismo de la relación; que las ventajas de estar con vos son muchas; que mudar de aires luego de más de doce años no será fácil; que voy a perder los beneficios por antigüedad, etc etc
Esperé y esperé, reclamé, hice todo lo posible por no bajar los brazos, pero ya no aguanto más, se me terminó la paciencia.
Al principio, la novedad me atrapó. Caí subyugada a tus encantos. 
Prometías mucho y te creí. Los primeros años fueron maravillosos, fuiste mostrándome un mundo que jamás creí conocer. Viví experiencias inolvidables. Viajamos juntos, me brindaste la posibilidad de conectarme con personas que creí jamás volvería a ver o a saber de ellas. Pero luego fue acabándose la magia, la seguridad que te brindaba mi lealtad hizo que ya no cuidaras los detalles, que me descuidaras tanto que llegamos al punto sin retorno. Ya no creo en tus promesas ni espero que cambies. Es momento de cerrar este capítulo y abrir uno nuevo.
No sé si será mejor, pero sí diferente.
Así que, TELECOM PERSONAL, hasta acá llegué.
Bienvenido CLARO a mi vida. 
Espero que tengamos buenos y largos años de convivencia!

© Jenny Wasiuk – 20/abril/2016


jueves, 31 de marzo de 2016

Otoño en mi almanaque


Comienzan a quedar desnudos
estos brazos tibios.
Ya no hay cunas, juguetes,
ni adolescentes estridencias en el nido.
Se van desprendiendo uno a uno
aquellos viejos miedos
que otrora fueran follaje
limitando el desafío.
Atrás quedan dolores
rencores y sueños perdidos;
como las hojas al viento
se van yendo hacia el olvido.

Ya siento la vibrante savia
subir desde mis raíces,
ella nutrirá mis alas
y eclipsará las cicatrices…

©Jenny Wasiuk 

domingo, 27 de marzo de 2016

Quimera


Sé que ya no estarás
al final del camino...
Aún así corro
por si tal vez
al llegar
encuentre al menos tu perfume
y me refugie en él
como cuando estabas
en los crepúsculos diarios
y al amanecer
de cada sueño.

©Jenny Wasiuk

martes, 24 de noviembre de 2015

Pies


Se van de ti
mis pies
paso tras paso
escalando las paredes
del olvido.

Atrás quedan las lunas,
los eclipses,
las palabras verticales
y el abismo,
la niebla del Teyú,
el alma inquieta,
el verso pasional
el espejismo…

Y así quedamos
rozando el invierno
-o el infierno-
crepúsculo que cae
y no termina
Soledad que enlaza
a la distancia
y nos hace compañía…


© Jenny Wasiuk

jueves, 17 de mayo de 2012

Cerrando círculos




"La música es un buen preludio.
El vino, un buen compañero.
La soledad, el aceite perfecto sobre los engranajes de la ausencia".

Sirvo dos copas y me acomodo en el medio de esta solemne ausencia que llena la casa.
Comienzo bebiendo despacio.
Desde tu copa me veo esperándote ilusionada.
Desde mi copa te veo esquivando la realidad.
Y comienza la danza de los recuerdos. Se van descolgando de cada rincón de la casa para acomodarse alrededor de las copas.
Todos tienen algo que decir. Todos están marcados con alguna lágrima, descorrida y trasnochada.
Los voy bebiendo uno a uno, luego de reconocerlos y escucharlos. Lentamente se van perdiendo en el laberinto oscuro y tibio de mi alma.
Ha llegado el último.
Parece una nube negra o una gran mancha de humedad.
Se despega del borde de la cama y viene a mi encuentro.
Nos miramos. Nos reencontramos por última vez y luego lo bebo de un solo trago.
Es amargo, y va arañando mi interior hasta hacerme gemir. Parece una enorme bola de fuego y espadas que gira y gira hasta perderse en las profundidades e ir haciéndose pequeño hasta desaparecer por completo.
Las copas están vacías.
Vuelvo a llenarlas y brindo por el final.
Brindo nuevamente por el después del final, donde las sombras invadieron el mundo entero, donde ya nada fue igual.
Dejo correr el rojo contenido de tu copa, lento y seguro hasta que se vacía.
Mi copa aún está llena.
La música, cómplice, se vuelve más y más alegre.
La botella vacía proclama el triunfante final.
Y el ritual culmina con la última gota.
Ya no estás.
Sigo estando.
Y la casa, vacía de vos, ha vuelto a brillar, a un año de tu ausencia.
Y las puertas y ventanas dejan entrar la suave brisa de la esperanza.

Silencio. Copas vacías. Y yo, ya no estoy vencida.

© Jenny Wasiuk

jueves, 22 de marzo de 2012

Invocación



Bendita sea usted, Señora.
Su voluntad sea hecha
tanto en mis días
como en mis noches.
Dueña es de mi existencia.
... Señorea mi alma
y mis pensamientos
castigándome a veces
con largos silencios.
Pero siempre vuelve
porque también
me echa de menos...

Bendita sea usted
en su día
Señora Poesía!

© Jenny Wasiuk
21/3/12

martes, 28 de febrero de 2012

Cambio


Tendré que cambiar los muebles de lugar
para chocar con ellos
en noches de insomnio
así en esta casa duele algo más
que el vacío
de la ausencia...

© Jenny Wasiuk

martes, 29 de noviembre de 2011

Ruptura

Estuvimos juntas desde la infancia, no recuerdo bien el momento exacto en que llegó a mi vida, pero desde entonces fuimos inseparables.
Tuvo asistencia perfecta en cada acontecimiento: fiestas de fin de año, cumpleaños, nacimientos, despedidas… Su presencia era casi imperceptible. Pero sabía que estaba y con eso me bastaba.
Comimos y bebimos juntas, dormimos y nos levantamos juntas, fuimos de vacaciones, lloramos el primer día de clases de mi hijo y nos emocionamos cuando mi hija prometió la bandera.
En cada momento importante estuvo presente, y en la malas me ayudó a masticar la furia hasta hacerla desaparecer.
Lamentablemente los años fueron agriando su carácter. Comenzó de pronto a tener una que otra crisis, tan leves que apenas se podían apreciar. Y luego más y más seguidas hasta convertirse en grandes ataques de histeria. Estaba como poseída por varios demonios. No me dejaba dormir, no podía probar bocado, su presencia se había tornado traumática y había que hacer algo urgente, por el bien de ambas.
Luego de varias noches de insomnio, con los nervios destrozados y totalmente fuera de mí, tomé la decisión que venía postergando desde hacía mucho tiempo. Debíamos separarnos para siempre, aunque esto significara liquidarla sin remedio. Jamás pensé que llegaría a este extremo, pero mi tolerancia y mi paciencia tienen límites, y ella los sobrepasó demasiadas veces y demasiado lejos.
Sin culpas –me dije- ella se lo buscó. Es la única responsable de su final.

Ahora la miro, ensangrentada y silenciosa, tirada sobre un blanco paño. Siento una breve nostalgia. Las comidas sin ella no serán lo mismo de hoy en más, pero valió la pena! Maldita muela, que en paz descanses!

© Jenny Wasiuk

jueves, 2 de junio de 2011

Hechizo




No debería confesarlo, pero…
esa luna maldita
el vino borgoñeando los sentidos
el monte acunando las ansias
y tu piel detrás de la copa
me volvieron adicta
sin remedio…

© Jenny Wasiuk

lunes, 18 de abril de 2011

El Cronopio


Leía Rayuela, sentado en la mesa de enfrente.
Fumaba tabaco negro. Escupía humo gris. Bebía cerveza rubia.
Yo hojeaba Bestiario, fumando cigarrillos rubios, bebiendo cerveza negra.
De pronto lo descubrí. Soplé humo gris hacia su mesa y seguí leyendo, como distraída.
Cerró el libro. Lo puso bajo el brazo. La botella en una mano y el vaso en otra izaron al cuerpo moreno. Se acercaron a mi mesa y sonrieron.
Nuestros humos se mezclaron.
Las palabras salieron de las bocas, copularon con la cerveza y se multiplicaron velozmente.
Luego vino la risa, como espuma.
Creció y comenzó a caerse de la mesa.
Cuando inundó el bar nos echaron.
Llenamos de espuma las calles. Resbalamos cuesta abajo, hasta el borde mismo del río. Justo frente a su casa. Encontramos más hijos de palabras flotando sobre la espuma.
Los tragamos y volvieron a reproducirse.
Entramos a su casa.
El calor nos quitó la ropa. El sudor coqueteaba con la espuma y las palabras.
Las palabras olvidaron su timidez. Se incrustaron de lleno en la boca opuesta. Circularon por el cuerpo. Bailaron en el estómago una danza primitiva y provocadora.
Bajaron hasta la entrepierna y se convirtieron en volcán.
Temblaron y rugieron cada vez más fuerte, intentando escapar.
Hicieron erupción y patinaron en sudor. Varias veces. Toda la noche.
Al amanecer sólo cenizas, colillas mal apagadas, vasos vacíos y lava por toda la casa.
Me despedí del Cronopio y emprendí la retirada, cuesta arriba.
Todavía había espuma por las calles.
Todavía quedaban palabras sin reproducirse.

Por eso vuelvo cada tanto a ese bar.
Y siempre está ahí. Con Rayuela, tabaco negro y cerveza rubia, esperando la señal.

© Jenny Wasiuk

domingo, 17 de octubre de 2010

Manos

“Siempre admiré las manos de mis maestras, por eso quería ser maestra cuando sea grande” -decía mirándose las suyas, ajadas por el trabajo duro en la finca mendocina donde se crió.
Luchó a capa y espada hasta ver convertido su sueño en realidad recién a los 29 años. Pero en el día que se recibió, la alegría se convirtió en angustia: la enviaban a Misiones, un lugar desconocido y lejano donde -comentaban- habían víboras por todos lados, yaguaretés salvajes y mosquitos ponzoñosos.
Sus manos se fueron ajando cada vez más. “La tiza me hace mucho daño” -decía- y seguía amasando el pan, limpiando la huerta, cortando leña con el hacha, sacando agua del pozo, lavando ropa a mano o fregando el piso de madera de la casa, hasta dejarlo blanco.
La primera señal de su enfermedad la dieron sus manos. “No sé qué me pasa, estoy escribiendo y la birome se me escapa de los dedos” -dijo una vez-. Años después la llevé a la capital y el chequeo dio su veredicto: Artritis reumatoidea.
Comenzaron a deformarse precipitadamente. Ya ni las miraba.
Probamos todas las recetas. Todos los medicamentos y consejos. Nada sirvió.
Aquel día del niño del ’95 fue el principio del fin. La llamada de mi padre, que nunca hubiera querido recibir, marcó el punto de partida.
Desnuda y sin sus paladares, en la fría sala de terapia, no quería que la vieran así. Se tapaba hasta la nariz cuando entrábamos.
Llegó el día del maestro y cuando le llevé una plantita de regalo, sacó cuentas de los días que llevaba internada. Eran muchos.
Traté de animarla diciendo “Viste mamita, ya falta poco para la primavera!”
Me miró con esos profundos ojos verdes que hasta hoy me acarician, y dijo: “No. Ya estoy en el invierno de mi vida. No habrán más primaveras…”
El crepúsculo del 20 de septiembre caía en la ciudad, y cayeron sus párpados para siempre.
Sus manos ya no serían un problema.
Se llevaron una flor que le puso mi hijo de 7 años, como pudo, entrelazada entre los dedos.

Pero a pesar de todo, Mamá, tus manos hoy siguen acariciándome convertidas en viento y lluvia…

© Jenny Wasiuk

viernes, 3 de septiembre de 2010

Déjà vu


Simetría inversa
-pero simetría al fin-
la de nuestros nombres
En el cóncavo y convexo
de los cuerpos
la luna,
redondeadora de sueños,
se esconde cada vez más
y una fría turbulencia
comienza a desmenuzar la aurora…
Sola,
una lágrima se derrite
antes de nacer
y el pañuelo blanco
se suicida
por no tener trabajo
ni compañía.
Es así
como se escriben las historias:
déjà vu
y luego el génesis
una vez más…

© Jenny Wasiuk

viernes, 18 de junio de 2010

45º round


Mis ganas
besan la lona
y las dos tiramos los guantes
en la oscura esquina
del cuadrilátero.
Nos miramos
con ojos casi vencidos
y sin decir más
nos escurrimos
hacia la platea
en espera del próximo round

© Jenny Wasiuk